Aníbal Rocha: “Llevar la obra a la calle, al espacio público, es una especie de ofrenda: que algo cambie en la rutina diaria del espectador”
3 de junio de 2026

Su práctica profundiza tanto en los procedimientos técnicos de la gráfica como en una dimensión poética que atraviesa cada imagen.
Artista visual radicado en Nercón, en el archipiélago de Chiloé, Aníbal Rocha ha construido una obra donde la gráfica dialoga con la poesía, la botánica, la ciudad y la memoria impresa. Formado inicialmente en Periodismo y Comunicación Social, su camino lo llevó al grabado y la serigrafía, técnicas que hoy tensiona con tramas digitales, semitonos y referencias a la impresión industrial. Su trabajo se mueve entre el taller y el espacio público, entre la reproducción técnica y la búsqueda íntima, explorando cómo una imagen puede alterar, aunque sea mínimamente, la rutina cotidiana.
Desde Barco de Papel conversamos con él sobre técnica y percepción, el rol del arte en el espacio público y su reciente obra inspirada en Gabriela Mistral, que obtuvo el segundo lugar en el concurso de grabado “Viento Mistral: Gabriela y su legado”, organizado por el Centro Cultural Bosque Nativo en Puerto Varas.

Trabajas con tramas, semitonos y mapas de bits que remiten tanto al fotograbado como al lenguaje digital. ¿Cómo decides qué técnica utilizar en cada obra?
En lo personal utilizo tramas, semitonos, mapa bits o puntos bendéi (Benjamin Day, 1838–1916) para trasladar signos técnicos de impresión al estilo de mi trabajo. (Los puntos bendéi son una técnica de impresión desarrollada en el siglo XIX que utiliza tramas de puntos para simular gradaciones y sombras en imágenes reproducidas mecánicamente). Es la adaptación de una imagen dibujada o fotografiada a técnicas de impresión industrial. Los puntos remiten a túneles o astros que generan una estructura.
Hoy empiezo a utilizar no solo puntos, sino también otros signos, como cruces, caras o letras. Trabajo gradaciones de color en líneas y texturas, generando en la imagen un potencial abstracto, ya que se trabaja con dos niveles de percepción para una misma imagen.
Además, me permite acercar o alejar el ojo del espectador, regulando la distancia de observación que quiero marcar.

¿Cómo dialogan la fotoserigrafía y el fotograbado con tu dimensión más poética?
Las formas de impresión que utilizo en mi trabajo son la fotoserigrafía y el fotograbado. Es un diálogo lento que requiere que esas imágenes decanten y lleguen a mí a través de una búsqueda o, en ocasiones, de un encuentro cotidiano. Hay veces que elijo solo planos de apertura y, en otras oportunidades, semitonos o mapas bits que me recuerdan la impresión de imágenes en enciclopedias del siglo pasado o en paratextos fotográficos de la prensa escrita.
De alguna manera es un juego gráfico que se cruza con un lenguaje poético, el cual he ido desarrollando desde mis primeras obras. Quizá porque escribo poesía desde muy pequeño, es un área que aún desarrollo y que muchas veces está íntimamente relacionada con mi obra visual. Me valgo de técnicas y colores para ir haciendo variaciones y series, dependiendo del proceso de trabajo que voy eligiendo.
¿Qué significó para ti comenzar a sacar la obra de los espacios expositivos tradicionales y llevarla al espacio público?
Cuando empecé a sacar mi obra de espacios expositivos más tradicionales, como museos o galerías, me encontré con una entrevista de Cristián Valdés, Premio Nacional de Arquitectura, donde cuenta sobre una conversación que tuvo con otro arquitecto. En esa conversación surgió una pregunta que me llamó la atención: ¿Hasta dónde llega la ciudad? La respuesta fue: hasta donde llega la micro.
Las ciudades se van haciendo, a veces planificadas y otras veces respondiendo solo a marcas, rutas o sendas históricas que se transforman en diseños urbanísticos, en calles. Es el uso continuo, el acceso más fácil. No siempre es la mejor solución, pero en general son rutas que el ser humano ha ocupado por muchos años y que ya están probadas. El Camino del Inca o las rutas romanas son un ejemplo de esto.

En tu trabajo aparece constantemente la tensión entre lo público y lo privado. ¿Cómo entiendes esa relación?
Para mí, la idea de lo público y lo privado es un tema central en mi trabajo. Me gustaría que la diferencia entre estos dos conceptos, en términos artísticos, fuera la menor posible. El arte muchas veces es lo que está entre las cosas, en el procedimiento, en el viaje, en el proceso. Llevar la obra al espacio público es, de alguna manera, entregar una ofrenda a un público que no está acostumbrado a ir a galerías de arte y que, en ocasiones especiales, se toma el tiempo de observar estas intervenciones y hacer algún comentario o incluso rayar con un tag.
¿Te interesa que la obra interrumpa la rutina cotidiana?
De cualquier manera, mi idea es que algo pase en el espectador, que cambie en algo esa rutina diaria. Muchas veces es difícil que la obra compita con la saturación publicitaria en las calles, pero en ocasiones lo logra y convoca una visión distinta, algo que se genera en la observación del ciudadano.
En el concurso inspirado en Gabriela Mistral elegiste el texto “Llamado por el niño”. ¿Qué fue lo más desafiante de ese proceso?
Lo más desafiante fue mostrar a Gabriela de una forma distinta a la que se le ha visto durante años, como la mujer seria, homosexual y ligada a una poesía simple.
La idea era mostrar sus trajes de dos piezas, que eran algo muy rebelde para su tiempo, reflejar sus intereses, lo que la conmovía y construir un retrato con una visión más contemporánea, si bien utilizando imágenes antiguas, pero a la vez en diálogo con sus intereses más profundos.
Creo que uno de los pilares fundamentales en la obra de Mistral es su pensamiento revolucionario y, al mismo tiempo, su mirada profunda sobre cosas sencillas. Quería mostrar su pensamiento acerca de la niñez, la importancia de los primeros siete años de cualquier ser humano, su trabajo con la naturaleza y la honda carga que la marcó el haber nacido entre las montañas de los Andes, en el Norte Chico de Chile.
¿Qué resonó en ti de ese texto en particular?
Ese texto en particular es un discurso que le pidieron desde Naciones Unidas en 1946 para recaudar fondos para niños carenciados. Son audios que están en la Biblioteca Nacional y a los que hoy se puede acceder fácilmente en YouTube. Recuerdo que la primera vez que lo escuché me marcó personalmente en mi concepción de la paternidad.
De alguna manera es un homenaje a los profesores y profesoras que entregan toda su vocación por formar mejores personas en los niños que educan. Es un discurso fuerte y, para cualquiera que trabaje con niños o sea padre o madre, produce un cuestionamiento sobre la labor que está realizando.
¿Crees que hoy estamos escuchando suficientemente a Gabriela Mistral?
Hay que revisar la obra de Mistral y, sobre todo, sus reflexiones en torno a muchos temas que hoy serían de gran ayuda llevar a la palestra, porque hay pistas y soluciones que nos dio y no estamos poniendo suficiente atención a esos mensajes.

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En la obra de Aníbal Rocha, la imagen es estructura, desplazamiento y pregunta. Entre tramas industriales y escritura poética, su trabajo insiste en que mirar sigue siendo un acto político y sensible. En tiempos de saturación visual, propone algo más simple y, a la vez, desafiante: detenerse.
Puedes conocer más de su obra en su Instagram, @anibal_rocha.
Fotografías gentileza de Aníbal Rocha.