Ann Catricura: el agua como archivo de memoria
19 de marzo de 2026

En la exposición “Deshielos. Memorias del agua”, la artista Ann Catricura explora el agua como un cuerpo en tránsito, capaz de guardar huellas, tensiones y relatos que atraviesan el tiempo y el territorio.
En la Sala Hardy Wistuba de la Casa del Arte Diego Rivera, en Puerto Montt, la artista visual Ann Catricura presenta Deshielos. Memorias del agua, una exposición abierta hasta el 11 de abril, que propone pensar el agua no solo como un elemento del paisaje, sino como archivo vivo. A través de distintos lenguajes como la acuarela, el dibujo, la fotografía y la instalación, la muestra invita a recorrer el deshielo como un proceso material, sensible y también político.
Desde Barco de Papel conversamos con la artista sobre su técnica, su inspiración y la cultura del agua.
En el título de tu exposición aparece la idea de “memorias del agua”, un concepto que no se utiliza con tanta frecuencia en Chile. ¿Qué significa para ti pensar el agua como un archivo de memoria?
Cada uno de nosotros tiene un arraigo con lo hídrico que es innegable. Nos rodeamos de estos elementos que reconocemos como propios dentro de un territorio determinado.
Específicamente en Chile, nuestro océano Pacífico, que enmarca nuestra construcción geográfica, los lagos, los humedales, estuarios, glaciares, hasta la propia lluvia, han permanecido en nuestro entorno desde tiempos pretéritos.
En este sentido, se me hace evidente pensar el agua como un elemento que reconoce una memoria histórica, social y también política, que ha estado en constante transformación.
Por ejemplo, en el caso del mar, podemos observar un retroceso importante en los últimos diez años de nuestras costas, lo cual no solo marca una problemática a nivel de cambio climático, sino también cómo históricamente ha ido cambiando nuestra relación social con los elementos hídricos.
“Siempre buscamos lugares con agua: playas, lagos, ríos, y ahora los necesitamos más que nunca porque están en una pérdida progresiva. Tengo recuerdos muy vivos de ir a Curicó a bañarnos en algunos canales o recorrer las playas del litoral central”.
A comienzos del siglo XX, cuando comienza el auge por obtener una segunda vivienda de veraneo en la zona costera del litoral central, con la llamada “clase ociosa elitista”, se consideró oportuno, en 1971, con el programa de la Unidad Popular, construir la idea de balneario popular para acercar a la clase obrera a las playas de veraneo mejor clasificadas del país. Con esto quiero decir que la valoración por lo hídrico no recae únicamente en un tema emocional, sino también social e histórico.
Específicamente en el caso de los glaciares, este archivo histórico de memoria se reconoce a través de los ciclos glaciares y la observación de su dinámica interna, en su constante desplazamiento y la tensión entre su retroceso y su acumulación.
“Es normal que los campos de hielo crujan, no es algo malo, solo escuchamos su respiración y nos damos cuenta de que están vivos, por muy sólidos que parezcan”.
Independiente de su estado, temporalidades o formas de presencia, el agua siempre nos va a contar una parte de nuestra historia.
Trabajas con acuarela, dibujo, fotografía e instalación. ¿Cómo se relacionan estos lenguajes para construir una experiencia visual sobre el agua y el hielo?
Creo que, independiente de la técnica artística aplicada, esta exposición se construye a través de un lenguaje común: el movimiento.
No busco representar un lugar, sino revelar sus desplazamientos, sus tensiones y su condición móvil. Concibo el movimiento como un principio estructurante de mi práctica artística.
A través de la acuarela, la instalación, la fotografía y el dibujo, cruzo objeto, espacio y tiempo para construir una mirada de paisaje sobre el territorio. Mis obras son intentos de hacer visible aquello que nunca permanece: el tránsito continuo que modela la experiencia del espacio.
Es por esto que se intentó construir una experiencia que involucre lo sensorial: los hielos en derretimiento, el frío de la sala, la construcción sonora de la gota y el sonido de los crampones sobre el hielo.
¿Cómo fue el proceso de investigación detrás de esta muestra? ¿Hubo viajes, lecturas o experiencias que marcaran el proyecto?
Sí, me hubiera encantado agregar a la muestra un catálogo de viajes y descubrimientos sobre el hielo.
Los primeros viajes los realicé en el año 2022 sobre el glaciar Grey, en Torres del Paine. En ese entonces, todavía no habitaba en la Región de Los Lagos, pero ya existía una inquietud por acercarme al hielo.
Luego, en 2023, ya en Puerto Montt, ingresé al histórico Club de Montaña Viento Blanco y, con ellos, comenzamos a realizar diferentes salidas y a aprender, desde un punto de vista más práctico, la progresión en nieve y hielo a través del ascenso a cumbres de volcanes, un área dentro de la cual aún me considero una aprendiz inicial.
Fue en estas salidas que comencé a observar diversas dinámicas de nieve y hielo que me llamaban la atención. Por ejemplo, cómo el viento puelche produce en el suelo una acumulación de capas de nieve blanda sobre la superficie, lo que en términos técnicos se denomina “manto nivoso”, nombre del cual deriva la interpretación de la obra en yeso y gasa expuesta en la sala.
Asimismo, y de forma paralela, tomé algunos cursos de glaciología para abarcar, desde una perspectiva teórica, el entendimiento de la dinámica glaciar, un tema que aún sigo explorando como campo de investigación.
Dentro de la exposición encontrarán registros audiovisuales propios y de algunos compañeros de montaña, citas de expertos en glaciología y geografía, además de una mezcla de técnicas que intentan comunicar una idea común: el deshielo.
¿Qué te interesa provocar en quienes visiten la exposición? ¿Contemplación, inquietud, memoria?
En primer lugar, la inmersión sobre el hielo, transformando la sala en una experiencia espacial y sonora. Y, en segundo lugar, entregar conocimiento teórico sobre la dinámica glaciar y el deshielo, para así poder contribuir a un mayor conocimiento geológico.