Cosmotecnia Archipielágica
17 de abril de 2026

Este año se conmemoran 200 años de la incorporación del Archipiélago de Chiloé al Estado chileno, y me parece una oportunidad para reflexionar sobre algunas cuestiones en relación con la producción artística y cultural desde ese territorio, que es también mi territorio. En 2024 me mudé a Buenos Aires para estudiar la Maestría en Artes Electrónicas, y desde entonces no dejo de preguntarme cómo la estética y la producción artístico-tecnológica podrían llegar a cruzarse con la tradición cultural del lugar donde crecí.
Al cursar el seminario de Estéticas y Experimentación en el Arte Robótico, Gabriela Munguía nos invitó a preguntarnos no sólo qué entendemos por robótica, sino antes que ello: ¿qué entendemos por tecnología? Tecnología y técnica provienen del griego téchnē, que puede traducirse como arte u oficio, o –si lo forzamos un poco– la artisticidad del oficio.

[Registro de la instalación Formas de sobrevivencia simbiótica (2023), de Fernanda López Quilodrán. Disponible en: fernandalopezq.cl]
Para hablar de ello quisiera introducir el término cosmotecnia, que el filósofo Yuk Hui (2017) describe como una tecnología situada, siendo la técnica la expresión de una relación particular entre las comunidades y su mundo, donde se entrelazan el orden moral y el orden cósmico. Con ello, también cuestiona la hegemonía mundial de la tecnología, recordándonos que no sólo la “alta tecnología” es válida como conocimiento técnico.
Con esto en mente, advierto que, desde el ámbito cultural, los saberes vinculados a los oficios tradicionales de Chiloé han sido valorados casi exclusivamente desde la lógica patrimonial. Pero nunca se los ha reconocido como tecnologías propiamente tales.
Paralelamente, durante el seminario de Tecnofeminismos, Nadia Martin nos llevó a revisar la historia de la participación de las mujeres en el arte tecnológico. Este punto es crucial para mi hipótesis, pues es desde la crítica feminista planteada por Judy Wajcman (2006) que comprendemos que la noción misma de “tecnología” ha tenido históricamente un carácter masculinizado, invisibilizando las invenciones y los saberes técnicos femeninos. Ante esto, Andrea Torrano y Natalia Fischetti (2024), en Tecnologías Feministas, ofrecen un marco situado para pensar tecnologías del cuidado, de la reparación y del sostenimiento de la vida, que permiten resignificar prácticas transmitidas por mujeres como el cultivo, el tejido, la cocina o la medicina natural.
Esta perspectiva me lleva a pensar que, en el caso de Chiloé, mientras la carpintería chilota –por dar un ejemplo–, practicada históricamente por hombres, ha logrado validarse, no sin dificultades, como una tecnología vigente en el ámbito de la construcción, otros saberes tecnológicos desarrollados y custodiados por mujeres han quedado relegados al campo de lo doméstico, lo artesanal y lo folclórico.
Tomando este argumento, me parece posible hacer una relectura del texto de Edith Rebolledo, Género y Ruralidad 1 (2011), donde los relatos compilados muestran que, frente a procesos históricos como la migración masculina hacia la Patagonia durante la primera mitad del siglo XX, fueron las mujeres quienes sostuvieron la vida familiar, comunitaria y productiva en el archipiélago.

[Saca de papas, Escuela Los Pinos de Lin Lin, en el marco del proyecto Cuál es tu Patrimonio Chilote (2019). Disponible en: www.cualestupatrimonio.cl]
Con ello, quisiera sostener que prácticas como el cultivo de la papa, la recolección de orilla, los tintes para la lana o la medicina natural, entre otras, son expresiones tecnofeministas de una cultura insular: tecnologías que, lejos de ser vestigios del pasado, son formas vigentes y proyectivas de pensamiento técnico, con potencial para dialogar con otras prácticas artístico-tecnológicas contemporáneas.
En este Bicentenario de Chiloé, y retomando el término acuñado por el historiador Renato Cárdenas, propongo pensar en una Cosmotecnia Archipielágica que también es femenina: reconocer y poner en valor el aporte tecnológico que han entregado y siguen entregando las mujeres del territorio insular, para imaginar nuevos relatos culturales y artísticos desde la relación entre feminidades, tecnología y territorio.
Esta columna es parte de la primera edición impresa de Revista Barco de Papel, que encuentras disponible en bibliotecas y centros culturales de la Región de Los Lagos y que puedes hojear de manera digital también aquí: