Dominga Sotomayor, directora y co-guionista de la película Limpia: "Una película no es una ilustración de un texto llevado a la pantalla”
22 de enero de 2026

La cineasta chilena reflexiona sobre cómo llevar una novela al cine sin ser literal, y cómo esa decisión abre una lectura social del Chile contemporáneo.
¿Cómo se adapta un libro al cine? ¿Debe una película ser fiel, textual y ser exacta a su obra original? Para Dominga Sotomayor, la respuesta está lejos de esa exigencia. Citando a Raúl Ruiz, la cineasta propone que los libros no se adaptan, sino que se “adoptan”: se toman, se transforman y se dejan habitar por la vida propia del cine. Esa es la mirada que atraviesa Limpia, película que llegó a posicionarse dentro del top 10 de las más vistas en Netflix.
Desde Barco de Papel conversamos con Dominga Sotomayor, directora de cine, productora audiovisual y guionista chilena, quien hace unas semanas sorprendió con Limpia, una película basada en la novela de Alia Trabucco. Se trata de un thriller psicológico que narra la historia de Estela, una trabajadora doméstica que llega a la capital desde Chiloé, y Julia, una niña de seis años criada en el seno de una familia acomodada y emocionalmente distante. A partir de ese vínculo íntimo y desigual, construye una observación sensible y perturbadora sobre el cuidado, la clase y las relaciones de poder en el Chile contemporáneo.
Advertencia de spoilers: Esta entrevista entra en zonas sensibles del relato y revela aspectos centrales de Limpia y del libro de Alia Trabucco. Si aún no has visto la película o leído la novela, quizás quieras volver a este texto después.
¿Qué te interesaba explorar en la relación entre Estela y Julia y por qué decidiste centrar la película en ese vínculo, donde se cruzan el afecto, el cuidado y la desigualdad?
La relación entre Estela y Julia, una mujer y la niña que ella cuida, que no son familia, permite observar cómo se cruzan el afecto y el poder, el cuidado y la desigualdad.
Me interesa hacer películas que documenten emociones más que ideas o temas. Por eso decidí enfocarme en la relación entre ellas: un encuentro entre soledades, una simbiosis que al principio parece posible, horizontal, hasta que la imposibilidad y la herida se revelan.
Además, me entusiasmó hacer un retrato del trabajo doméstico desde mi perspectiva, actualizarlo, acercarlo a un mundo que conozco. Estamos en un presente más progresista en el que se piensa que no hay tantos sesgos sociales o que hemos avanzado en derechos laborales, pero, sin embargo, hay estructuras de desigualdad muy profundas que siguen operando.
¿Cómo fue el proceso de adaptación de la novela Limpia de Alia Trabucco al cine, y de qué manera trabajaste el guion junto a Gabriela Larralde para transformar ese material en tu propio universo cinematográfico?
Con Gabriela Larralde escribimos una propuesta de adaptación para la productora y para Alia, muy ilusionadas de haber encontrado la manera de trabajar con esta novela tan importante en estos tiempos.
Desde ahí en adelante escribimos el guion Gabriela y yo. Desde el inicio propusimos centrar la película en el vínculo entre Estela y Julia, ir seleccionando eventos claves del libro para la trama y varios episodios y detalles para construir los personajes.
Para mí siempre se trata de corromper, rebelarse, ir un poco contra los textos. Una película no es una ilustración de un guion o un texto llevado a la pantalla. Una película tiene que estar permeable a la vida, nutrirse de lo que pasa azarosamente, de todo lo que traen los actores y el equipo, tiene que respirar.
Raúl Ruiz decía que no adaptaba libros al cine sino que los “adoptaba”. Esa idea me hace mucho sentido después de esta experiencia.
Limpia se trata de una adopción más profunda, donde se toma un material y se transforma en mi propio universo cinematográfico, con elementos de mi estilo personal y referencias de mi propio mundo.
De alguna manera, adaptar implica apropiarse y reconfigurar el material.
¿Cómo definiste el recorte temporal de la película y la selección de episodios del libro para construir la historia y el vínculo entre Estela y Julia?
El libro es un monólogo muy profundo de una mujer que trabaja siete años en una casa, mientras que la película se concentra en un fragmento de tiempo mucho más acotado: el verano en que la niña tiene seis años y muere. En la novela hay un episodio donde Estela dice que ese también podría ser el comienzo de la historia, y tomamos esa pista: era el momento en que el papá le impartía clases de natación a la niña en la casa. Decidimos comenzar la película ahí, que es quizás hacia la mitad del libro, cuando la niña debería aprender a nadar antes de salir de vacaciones. La película es diferente a la novela y es diferente también al guion que escribimos, porque muchas cosas surgieron en el rodaje y en la edición.
A diferencia de tus otras películas, en Limpia hay una observación social más directa. ¿Cómo te relacionas con los debates sociales desde el cine?
La verdad creo que mis películas no son muy temáticas, pero siempre está esa ilusión o surge espontáneamente de incomodar, incomodarme, de tratar de tocar desde el lenguaje, que yo tengo, temas sociales.
Limpia es mucho más directa en ese sentido, las anteriores son menos temáticas y eso fue interesante en Limpia, hay una crítica, una observación social, no solamente de un mundo más cercano que yo tengo, sino también de un mundo que yo no tan necesariamente tengo más cercano, pero que sí puedo empatizar, y eso fue interesante para mí.
Donde yo puedo empatizar con esa niña, que tuvo una vida muy distinta a la mía, y con esa empleada doméstica que sí tuvo una vida muy distinta a la mía.
¿Qué significó para ti estrenar Limpia en una plataforma como Netflix y cómo entiendes esa decisión en relación con la dimensión política del cine?
Y también me parece que el hecho de hacer una película para Netflix es una decisión política también, de todas maneras me lo cuestioné, es distinto a los proyectos más independientes que tuve antes.
Siento que el hecho de llegar a un público más masivo es político, en el sentido que uno trata de llevar una mirada a muchas más personas, e incluso a personas que no necesariamente están de acuerdo con uno o gente que no es necesariamente del cine y para mí eso fue muy interesante.
Y fue la forma de involucrarme con este proyecto con una discusión social, que tiene que observar cómo en Chile realmente hay personas que son tratadas de primera y segunda categoría, y que el tiempo de una persona vale más que otro.
Y creo que la ficción es la manera más eficiente que tengo a la mano de ayudar a la empatía, que creo que es lo más importante de estos tiempos.
Fotografías gentileza de Dominga Sotomayor