El alma de Chile en décimas: expresiones actuales del Canto a lo Poeta
17 de abril de 2026

El Canto a lo Poeta constituye una de las manifestaciones más profundas y antiguas de la ruralidad en nuestro país. Esta tradición, que amalgama diferentes herencias, ha perdurado por más de cuatrocientos años como un proceso de oralidad, un ejercicio de memoria colectiva, desarrollándose en los campos del Valle Central hasta el sur del país.
Desde Revista Barco de Papel conversamos con dos cantores y payadores de la región de Los Lagos, Ignacio Reyes y Aldo Velásquez, para conocer más acerca de esta expresión, que tradicionalmente se divide en dos grandes universos temáticos o fundamentos: lo divino y lo humano. El Canto a lo Divino se reserva para la ritualidad devocional, por ejemplo, las vigilias ante imágenes sagradas o los velorios de angelitos, donde los cantores forman una rueda para entonar pasajes bíblicos. Por otro lado, el Canto a lo Humano aborda lo mundano: desde la política y la actualidad hasta el amor, la naturaleza, o la familia.
Históricamente, figuras como Bernardino Guajardo —uno de los más famosos poetas populares del siglo XIX, cantor de los hechos de la Guerra del Pacífico (1879-1884)— consolidaron esta tradición a través de la Lira Popular, pliegos impresos que circularon masivamente en mercados y estaciones de trenes. Junto a Guajardo se nombra a Daniel Meneses, José Hipólito Casas Cordero, Nicasio García, Juan Rafael Allende, Juan Bautista Peralta y Adolfo Reyes. Rosa Araneda desafió a este mundo predominantemente masculino en la segunda mitad del siglo XIX, comentando la vida política y social en décimas de gran virulencia y genio. “Dedicó poemas a la cultura popular, situados en particular en la localidad de Machalí; a la guerra civil de 1891; así como a lo divino dedicados a la adoración del Niño Dios, a la despedida de los angelitos, a la virgen de Andacollo y a la pasión de Cristo”, dice el portal de la Biblioteca Nacional, Memoria Chilena.
En 1933, cuando las hojas de versos dejaron de aparecer, se pensó en la desaparición definitiva de esta forma poética. Sin embargo, lo que ocurrió fue que esta volvió a su forma oral, modalidad en la que continúa siendo ejecutada hoy. Durante febrero de 2026, el Estado de Chile informó que se llevará a cabo la postulación de esta tradición a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, reconociendo a sus cultores como guardianes de un saber ancestral.
La voz de Aldo Velásquez desde Puerto Montt
Yo crecí viendo a los famosos hermanos Campos en los programas de televisión, unos cantores de cueca de Longaví que payaban entre cueca y cueca, pero yo no tenía ni idea de lo que hacían, yo sabía que era rima y nada más. En el año 2008, en un programa radial de acá de Puerto Montt, escuché al poeta popular Mario Cárdenas Godoy. Me acerqué a él, nos hicimos amigos, y él me explicó lo que era una décima, una cuarteta y me presentó a los payadores de la zona central.
Él pidió que en las fiestas costumbristas de la zona no caigan en la grosería, por supuesto que ocupen picardías, eso no tiene nada de malo porque el pueblo chileno toda la vida ha sido pícaro. Una persona se cae, primero nos reímos y después le vamos a preguntar cómo está, pero no con grosería.

Los verdaderos brindis son en décimas, y me di cuenta que yo podía inventar los míos. Ya no solamente aprenderlos, me di cuenta que además podía improvisar.
Yo soy de la población Pichi Pelluco, que es un barrio popular. Soy hijo de un señor que fue un maestro zapatero, y mi madre, una señora analfabeta que fue dueña de casa. Mi Chile querido, que tanto amo, es un país que tiene mucha pena, en general. Entonces, yo como payador, lo único que yo quiero es alegrar a la gente, con mucha picardía.

Yo me identifico como payador, nadie me ha dado un título, pero me auto-proclamo payador. Los enfrentamientos, los contrapuntos como lo llamamos nosotros los payadores, parten de la madre de la paya que es la décima, su estructura poética. Y ahí ocurre el ingenio, la sabiduría popular. El resultado depende mucho también del otro payador, de cómo te arrastre.
Generalmente los encuentros del payador en Puerto Montt los realizamos en el restaurante La Rinconada. Es un lugar popular, tratamos de hacer tres o cuatro encuentros al año. Pero acá hay un pequeño grupo que ha ido quedando y nos juntamos cada miércoles generalmente en la casa de alguien que la proponga nomás. Esos somos los amigos del verso.
Cuando Ignacio Reyes llegó a la zona empezó a crecer el grupo porque le ha puesto mucho corazón, mucho empeño, haciendo encuentros por donde sea, tratando de sacar recursos donde se pueda. Ignacio Reyes es un gran gestor que le hizo muy bien a la zona. También Matías Julián, junto a Ignacio son profesores de música y muy generosos al momento de enseñar.
Las mujeres se han ido metiendo de a poco, por ejemplo Valentina Isidora, es muy buena haciendo décimas, muy poeta ella, se ha ido al lado feminista. O Luisa Navarro como poeta popular, ella escribe su verso y lo recita.
Ignacio Reyes canta desde Tegualda
Me defino como payador y como payador soy cantor a lo poeta. Mi vocación espiritual está en el canto y soy parte de la comunidad que lleva adelante la Casa del Payador en Tegualda.
Conocí el canto en Santiago, estudié en el Pedagógico y había un profesor que se llamaba Pancho Astorga, y a través de él empecé a conocer el canto, los instrumentos. Luego tuve la suerte de conocer a Guillermo Villalobos que se transformó en mi maestro definitivamente porque me abrió las puertas también a conocer a muchos otros cantores y a aprender el oficio de manera más detenida. De eso hace ya 20 años.
Este es un arte que tiene su mayor desarrollo en la zona central de Chile históricamente, es un arte centenario, de influencia colonial...
En el sur encontré que había gente que cultivaba el arte y empezamos a desarrollarlo con un lenguaje propio, con las características culturales de la gente del sur. Una de las cosas que aprendí es que es un arte que requiere conocer los territorios, las culturas, es un arte de viajar, heredero de los juglares, de los antiguos trovadores medievales que andaban de pueblo en pueblo contando historias.
En nuestra región esta expresión es relativamente nueva. En el resto de Chile lleva 400 años, aquí 50, es decir, estamos creando nuestra tradición, a partir de una tradición antigua, estamos creando nuestra propia manera de expresar el canto, nuestros propios fundamentos, nuestros propios temas y eso es algo muy interesante para acercarse a un arte. Podemos darle una identidad, darle tal vez otras músicas, otros temas, hay por hacer.
El Canto a lo Poeta es un arte que da igual relevancia al canto que a la poesía. Y entonces los textos son fundamentales, ¿ya? Y nosotros además trabajamos bajo las fórmulas poéticas antiguas, tradicionales. La décima, la cuarteta, el romance…
Son fórmulas que tienen siglos de desarrollo y que se instalaron en el mundo campesino porque son de muy fácil memorización. Son fórmulas poéticas hechas para el analfabetismo, si queremos decirlo así. Que trabajan desde la oralidad.
Entonces nosotros cultivamos esas fórmulas poéticas a través del canto y nuestra forma de cantar, según los investigadores, también tiene su raíz en la música española antigua previa al período tonal. Entonces estas mismas fórmulas tradicionales, antiguas, se improvisan en ciertos contextos respecto a ciertos temas, según lo que la ocasión va dando.

Los poetas nos alimentamos de lo que tenemos encima. En mi poética hay un estilo desde que yo vivo en el sur. Las comunidades de los cantores trabajan distintos temas, tienen ciertas identidades, es diverso. Y eso en nuestra región se ha dado ya naturalmente desde hace un tiempo, tenemos referentes importantes en la región como Mario Cárdenas, como Tropero Vallejos, son gente que hace 40 años está haciendo versos populares en la zona.
Ahora último se ha conformado un colectivo un poco más grande, hemos tenido la suerte de hacer algunos talleres, de ir ampliando esta comunidad de cantores, y también de conectarnos con algunos cantores que estaban, por ejemplo, en la zona de Palena, que por ahí están siempre más aislados, y también ejercitan el mismo oficio.
Las mujeres siempre se han involucrado, hay una historia larga. Rosa Araneda fue una de las referentes de finales del siglo, de poetas populares, y hoy día de la mano del movimiento feminista. En nuestra región hay mujeres de todas las edades que participan. También hay mujeres que prefieren no trabajar con cantores hombres, porque están haciendo su propio proceso, pero nos reconocemos como hermanos del canto, cultivamos el mismo oficio.
El Canto a lo Poeta siempre ha vivido, incluso cuando estuvo prohibido. Entonces hay que decir que este arte no depende del Estado ni de sus instituciones. Pero está bueno que se reconozca, puede favorecer el desarrollo del arte, puede haber más talleres, más conciertos, más encuentros de payadores, más canto a lo divino.
[Fotografías gentileza Aldo Velásquez e Ignacio Reyes]
Este reportaje es parte del segundo número impreso de Revista Barco de Papel, que encuentras disponible en bibliotecas y centros culturales de la Región de Los Lagos y que puedes hojear de manera digital también aquí: