El chal en la mujer del sur de Chile, relatos de una prenda femenina
26 de mayo de 2026

Carla Loayza Charad es una historiadora especializada en el registro de la memoria de la tradición textil del sur de Chile, integrando además a su investigación otros territorios culturales del área andina y otras tradiciones/prácticas patrimoniales que aún siguen latentes en haceres que conectan con un origen en común. Su último trabajo tuvo por objetivo documentar e investigar el chal tradicional de la mujer insular y costera de la Región de Los Lagos, el cual es parte de las letras del libro El chal en la mujer del sur de Chile, relatos de una prenda femenina (2023), del cual es autora.
Este libro, con rostro femenino, comenzó a gestarse años atrás cuando, en los testimonios de las mujeres artesanas del sur de Chile, salía el recuerdo de una prenda que las vio nacer y que era parte de la despedida de sus “ancestras” cuando dejaban este mundo: “el chal negro vestía a la mujer dentro de la urna”. El chal, esa pieza que cubre la espalda, presenta antecedentes desde tiempos coloniales, siendo citada al momento de describir cómo se vestía la población de esta parte del mundo. Si bien la palabra chal presenta un origen persa, llegó con los europeos, quienes heredaron la cultura oriental en tiempos de Al-Ándalus ¿Qué se cuenta de esta prenda y qué se resguarda en la memoria de quienes la elaboraron y la portaron?

Con el chal la mujer cría a sus hijos (los arropa y transporta) y con la misma prenda se viste en las distintas etapas de su vida. De chales simples usados para faenas cotidianas vinculadas a la recolección de productos del mar y de la tierra, se suman chales más complejos desde un punto de vista tecnológico. Estos chales “más difíciles de hacer” y manejados por las expertas son reservados para ser usados en eventos especiales y en ciertas circunstancias donde la prenda se luce y marca identidad dentro de cada comunidad. La mujer rezadora, esa que acompaña el viaje de los difuntos, canta sus plegarias con un chal negro, llamado “pañolón”, el que no solo cubre su espalda, sino que también su cabeza, entregando una postura de regocijo y ritualidad en la ruta de despedida y el deseo del buen viaje.
De estas memorias hablan las letras del libro, desde voces femeninas que recuerdan cómo se tejía la prenda, con qué herramientas y qué tipo de chales salían desde el telar quelgwo, ese telar horizontal de madera que es propio del sur de Chile. En el primer capítulo se fija la historia de la prenda y de aquellos antecedentes que permiten establecer que la denominación chal es una influencia europea que se adaptó y significó en el propio territorio, El chal de tres cañas, ese que es tejido con una tecnología adaptada del telar mecanizado o semiindustrial introducido en América, ya que integra más de dos cañas simulando los cuatro lizos del telar, es un claro ejemplo del encuentro y de la emergencia de lo propio. En el segundo capítulo se navega por las propias historias, esas que cuentan la cadena de producción de la prenda y el valor cultural de cada pieza según cada territorio. Finalmente, aparece un ejercicio textil en el último capítulo, el que invita al lector, desde un registro simple, a intentar armar la pieza y tejer el famoso chal de tres cañas. Se leen instrucciones que nacieron del diálogo profundo entre la autora del libro y la maestra Rosa Adriana Tureuna Tureuna, artesana destacada de la comuna de Quemchi, archipiélago de Chiloé.

El chal en la mujer del sur de Chile, relatos de una prenda femenina es, ante todo, un memorial del no olvido que permite conocer los procesos de cambio y continuidad que han tensionado prácticas tradicionales de larga data. Esta prenda es testimonio de una época y su conocimiento, en tanto tecnología y significados, aporta al registro y difusión de las y los patrimonios que dieron vida a la conformación de territorios australes e insulares, habitados por hombres y mujeres que supieron transformar la materia prima para abrigar sus espacios, sus cuerpos y sus medios de transporte. El chal fue la chaqueta de la mujer del sur de Chile; con esta prenda “arrebozada”, las abuelas y madres viajaron en lanchas velaras para protegerse del viento y de la lluvia en las largas rutas del mar interior. Hoy, estudiar los antecedentes de esta prenda, desde las múltiples miradas que se ofrecen en las letras del libro, es aportar a la resistencia de archivos que no deben olvidarse.
Loayza, C. (2023). El Chal en la Mujer del Sur de Chile, relatos de una prenda femenina. Trama Impresores: Concepción, Chile. 99 páginas.
Fotografías facilitadas por Carla Loayza.