Entrevista grupal a integrantes de Proyecto Hécate: “Cuando cantamos juntas, la voz deja de ser individual y se convierte en una sola fuerza”
18 de enero de 2026

Por segunda vez, este 21 de enero, vestidas de rojos y fucsias, más de veinte mujeres llegan al Teatro del Lago para transformar el canto colectivo en un homenaje a la creación femenina. Conversamos con Vero Soffia, cantante y compositora, creadora y directora de Proyecto Hécate; Consuelo Valenzuela, asistente de dirección y profesora en la sede de Puerto Varas; y Angelita Urzúa, integrante del coro.
Desde Barco de Papel conversamos con algunas de las voces que dan vida a Proyecto Hécate, un coro feminista que, desde la música, explora la fuerza de lo colectivo y los vínculos entre cuerpo, emoción e identidad. En esta entrevista grupal dialogamos con Vero Soffia, cantante y compositora, creadora y directora del proyecto, que se desarrolla en dos ciudades —Puerto Varas y Santiago—; Consuelo Valenzuela, asistente de dirección y profesora en la sede de Puerto Varas; y Angelita Urzúa, integrante del coro desde 2025. A través de sus voces, abordamos los procesos creativos, emocionales y comunitarios que sostienen el proyecto, así como el sentido político y sensible de cantar juntas hoy.
La conversación se da en el contexto de Cantoras Coral, concierto que se realizará este 21 de enero en el Teatro del Lago y que marca una nueva etapa creativa para Hécate. En escena, el coro presenta un repertorio compuesto íntegramente por canciones de compositoras chilenas contemporáneas, en arreglos corales originales que expanden los límites del formato tradicional y conjugan la potencia colectiva de las voces con sonoridades de la música popular.
Vero, ¿cómo nace Proyecto Hécate y por qué el nombre?
El proyecto Hécate nace desde una necesidad personal: la necesidad de reescribir mi historia y mi identidad. En ese proceso me di cuenta de que gran parte de lo femenino —de lo que nos han enseñado a las mujeres a lo largo de la historia— viene cargado de mandatos construidos desde un mundo masculino. Y sentí que, si queríamos volver a escribir eso, las respuestas no iban a venir desde afuera, sino que tenían que encontrarse entre nosotras.
Esa búsqueda tenía que partir desde nuestras propias experiencias: desde poder decidir quiénes queremos ser, cómo queremos vivir, qué de lo recibido queremos conservar y qué cosas queremos transformar. Yo estaba atravesando ese proceso y sabía que podía responder esas preguntas junto a otras mujeres que estaban viviendo búsquedas similares.
Desde ahí surge la idea de crear un espacio desde la música, que es lo que hago yo, para encontrarnos con otras mujeres y unir dos mundos: lo intelectual y lo emocional. La música tiene un poder transformador muy profundo, porque toca lo emocional y llega a lugares íntimos, muchas veces inconscientes, intuitivos e instintivos. Poder juntar nuestras ideas con ese poder tan del corazón que tiene la música, cantar y a la vez decir algo muy poderoso, me parecía profundamente significativo.
Así nace el Proyecto Hécate. El nombre viene de una diosa griega asociada a lo femenino y la magia. Es una diosa extremadamente poderosa del Olimpo, pero muy desconocida, porque se adoraba en la noche, en lo íntimo. Y eso me pareció muy simbólico.

Consuelo, ¿qué desafíos musicales y emocionales implicó acompañar un coro femenino con una carga simbólica tan profunda y qué tiene de particular este proyecto frente a otros trabajos musicales?
Este proyecto ha sido muy desafiante para mí, porque es la primera vez que co-dirijo un coro. A nivel musical, implicó aprender a sostener un equipo y un grupo que está en un punto de inflexión importante, donde deben converger el desarrollo técnico y también el desarrollo personal de cada integrante. Fue un proceso que me exigió confiar en mí misma, en lo que ya traía, pero también indagar en nuevos elementos técnicos y en dinámicas de grupo: cómo ensamblar bien las voces, cómo sostener un proceso colectivo de manera consciente.
En lo emocional, el desafío fue aún más profundo. Me llevó a estar completamente presente, muy consciente de mis propios procesos, de mis luces y mis sombras. Sostener a un grupo de mujeres altamente reflexivas, sostener una comunidad, requiere que quienes estamos a cargo estemos en un estado real de presencia, seguridad y claridad. Saber a lo que vamos. En ese camino, el acompañamiento de Vero Soffia ha sido clave para que yo también pudiera desarrollarme y crecer dentro de este rol.
Lo que hace muy particular a este proyecto, en comparación con otros trabajos musicales, es la centralidad de lo colectivo y la calidad de la comunicación que se genera. Aquí la amistad y el trabajo pueden convivir de manera muy orgánica. Es un proyecto liderado y compuesto por mujeres, y eso genera una energía distinta: se siente muy cálida, muy hogareña, muy complementaria. Esa energía se percibe en las voces, en la forma en que nos comunicamos y en cómo nos sostenemos entre todas.
Cada integrante del coro tiene un rol, y con el tiempo se han ido empoderando de esos espacios, haciendo que el proyecto crezca cada vez más.
Angelita, eres parte de Hécate desde 2025. ¿Qué te llevó a sumarte al coro y cómo ha sido la experiencia de cantar en un colectivo femenino que pone en el centro la voz, el cuerpo y la fuerza de lo colectivo?
Me motivó profundamente que el proyecto estuviera dirigido por una cantante y compositora chilena a la que admiro mucho, pero también el mensaje que transmite: un canto colectivo que visibiliza el poder femenino. Cuando escuché al coro por primera vez, me impactó la calidad y la potencia de lo que estaban haciendo, y sentí de inmediato unas ganas muy grandes de ser parte de ese espacio.
Cantar en Hécate ha significado que la voz encuentre otro lugar. Ya no es una voz sola, sino una voz que se siente sostenida y abrazada. Esa contención transforma completamente la experiencia de cantar, porque el resultado de esa unión es una energía muy especial, que solo se produce cuando cada una de las voces se une a las otras.
La fuerza del colectivo se vive como una energía inmensa. Cuando cantamos juntas, la voz deja de ser individual y se convierte en una sola fuerza, en una presencia que se siente en el cuerpo. Es como si estuviéramos cantando algo mucho más grande que nosotras mismas. Y, sin duda, en ese cruce, el mensaje se vuelve mucho más poderoso.

Vero, durante 2025 sorprendieron con una Cantata Coral y este miércoles 21 de enero, en el Teatro del Lago, presentan Cantoras Coral: un homenaje a la creación femenina en la música chilena. ¿Cuál es la diferencia y el foco de este año?
En los años anteriores trabajamos en formato de cantata, una obra en la que las canciones van contando una historia. Ese fue el camino que recorrimos: una narración colectiva que se iba desplegando a través de la música. Este año, en cambio, sentimos la necesidad de darnos un descanso de ese formato y probar algo distinto, siempre siendo coherentes con la búsqueda de Hécate y con el deseo de darle espacio a lo femenino.
Por eso decidimos crear un repertorio completamente nuevo, compuesto sólo por canciones escritas por mujeres chilenas, entre ellas Francesca Ancarola, Magdalena Matthey, Soledad del Río (Sol del Río) y Valentina Payeras. La idea es dar visibilidad a sus creaciones y a sus miradas: a qué están observando las mujeres hoy, qué están diciendo del mundo que habitamos, cuáles son nuestras formas de sentir, de percibir y de nombrar la realidad. Son compositoras tremendas, a quienes admiro profundamente, y nos parecía muy importante hacer el ejercicio de conocerlas, interpretarlas e impulsarlas colectivamente.
Este concierto es, al mismo tiempo, un homenaje a esas creadoras y una propuesta artística donde la fuerza de lo colectivo le da una nueva vida a lo individual. Una para todas y todas para una. En ese proceso, el coro también se ha transformado en un espacio muy importante para cada una de sus integrantes, una red de apoyo real, un lugar donde reconocernos y recordar que no estamos solas.
El público se va a encontrar con un concierto muy intenso y diverso en emociones: hay momentos enérgicos, otros más lúdicos y también pasajes fuertes y profundos. Habrá instantes donde se escuchará a las cantoras desde la intimidad, y otros donde el coro aparece con toda su potencia colectiva, de manera grande, coral y casi épica.

Créditos fotografía: Proyecto Hécate.