Exposición «La memoria del agua»: cuando distintas disciplinas confluyen

Ciencia

28 de octubre de 2026

PorCatalina Billeke Brancoli
Exposición «La memoria del agua»: cuando distintas disciplinas confluyen

El agua ha modelado el paisaje, acompañado los asentamientos humanos y dado forma a nuestra manera de habitar el territorio. También es el elemento que articula “La memoria del agua”, una exposición en el Museo Histórico de Puerto Montt Juan Pablo II (MUPA) que reúne a investigadores, académicos, estudiantes y comunidades en torno a una pregunta compartida: ¿qué nos puede contar el agua sobre nuestro pasado, presente y futuro?

En el sur de Chile, el agua parece estar en todas partes. En la lluvia que acompaña buena parte de nuestros días, en los lagos, ríos, humedales y fiordos que dibujan el paisaje. Ha modelado montañas, abierto caminos y condicionado los lugares donde las comunidades decidieron asentarse. Desde tiempos remotos, hemos aprendido a reconocer sus ciclos y a construir nuestras formas de habitar en torno a ella. Sin embargo, esa aparente abundancia convive hoy con una realidad menos visible: la escasez hídrica y las dificultades de acceso al agua que enfrentan distintas comunidades del territorio.

Quizás por esa misma familiaridad, pocas veces nos detenemos a pensar en todo lo que el agua contiene, transporta y recuerda. En las huellas que ha dejado sobre el paisaje, en las historias de quienes han habitado sus orillas y en las transformaciones que experimenta el territorio.

De esa inquietud nace La memoria del agua: de glaciares a humedales, conciencia hídrica y paisaje cultural en Los Lagos, una exposición que se presenta en el Museo Histórico de Puerto Montt Juan Pablo II (MUPA) y que propone explorar las múltiples relaciones entre el agua, el territorio y quienes lo habitamos.

La iniciativa fue desarrollada por la Escuela de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, sede De la Patagonia, con financiamiento del programa Ciencia Pública del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. Pero, más allá de su origen académico, el proyecto fue tomando forma como un espacio de encuentro entre investigadores, docentes, estudiantes, egresados y profesionales de distintas disciplinas.

Ignacio Saavedra, director de la Escuela de Arquitectura USS Patagonia y director curatorial de la exposición, explica que el proyecto nació de una serie de preguntas, más que de respuestas previamente establecidas. La intención era explorar cómo el agua puede contener una memoria milenaria, vinculada a las transformaciones geológicas del territorio, y otra mucho más inmediata, relacionada con nuestras acciones cotidianas.

“Fue una apuesta empezar a articular las posibilidades que presta la academia, porque hay áreas que en general están muy aisladas. Cómo entrecruzar y generar puentes de interacción entre académicos, investigadores, quienes trabajan desde la vinculación con el medio y las comunidades, y también los estudiantes. Eso fue muy lindo”, recuerda.

¿Qué ocurre con el agua después de utilizarla? ¿Qué huellas dejan los medicamentos, los alimentos o el lavado de nuestra ropa? ¿Cómo se relacionan esas pequeñas acciones con procesos ambientales de mayor escala?

Estas preguntas fueron abriendo un campo de exploración que permitió conectar conocimientos que habitualmente se desarrollan por separado.

Un territorio de muchas memorias

La exposición está organizada como un conjunto de islas expositivas que dialogan entre sí. A través de tres grandes memorias —el territorio esculpido, el territorio habitado y los asentamientos humanos—, propone recorrer distintas escalas de tiempo y formas de comprender el paisaje.

La primera nos lleva a la historia geológica, a los procesos que dieron forma a montañas, valles, lagos y costas. La segunda se aproxima a las primeras ocupaciones humanas, desde Monte Verde hasta las formas en que las comunidades aprendieron a interpretar las mareas, las lluvias y los ciclos naturales. La tercera observa cómo los asentamientos han transformado el territorio y, con ello, nuestra relación con el agua.

Son relatos que se superponen, porque la memoria del agua tampoco sigue necesariamente un orden lineal.

La propuesta privilegia una experiencia sensorial. Telas, sonidos, imágenes, texturas y objetos construyen una atmósfera que invita a recorrer, tocar, observar y hacerse preguntas. Una voz que representa al agua acompaña el recorrido, mientras distintos recursos permiten profundizar en los contenidos según los intereses de cada visitante.

“Primero tenía que ser una experiencia muy corporal”, explica Saavedra. “Hicimos un trabajo de diseño e intervención en altura, con telas. Le cambiamos el tono a la sala, entramos a un azul más profundo, hay como unas nubes en vertical que te van acompañando y que están en movimiento”.

A partir de esa primera aproximación, cada visitante puede decidir cuánto quiere profundizar en los contenidos. Para el curador, uno de los mayores desafíos fue traducir investigaciones complejas a un lenguaje capaz de despertar la curiosidad de personas de distintas edades y conocimientos. No se trataba de simplificar la ciencia, sino de encontrar otras puertas de entrada hacia ella.

En ese proceso participaron estudiantes y egresados de arquitectura, quienes contribuyeron tanto a la organización de los contenidos como a la construcción de la experiencia expositiva.

Henry Pröschle, egresado de Arquitectura USS, colaboró en la consolidación de los relatos de las distintas islas que componen la muestra, especialmente en aquella dedicada a la memoria del habitar. Desde su perspectiva, vivir en este territorio ha significado históricamente aprender a convivir con el agua: encontrar lugares de encuentro, obtener alimentos y desarrollar conocimientos asociados al entorno.

“Quisimos ser lo más accesibles posible, tanto para niños y niñas, como para adultos mayores”, explica. Por eso, la exposición incorpora imágenes, texturas y piezas que permiten aproximarse a sus contenidos desde distintas sensibilidades.

A su juicio, lo interesante es que aparecen diferentes capas de interpretación: no se trata únicamente de la información presentada, sino también de los materiales, las formas y las posibilidades de interacción que construyen la experiencia completa.

Cuando los conocimientos se encuentran

Si el agua ha conectado históricamente territorios y comunidades, en este proyecto también se convirtió en un punto de encuentro entre disciplinas.

La arquitectura dialogó con la ingeniería, la biología, las ciencias ambientales y la investigación patrimonial. Cada especialidad aportó una manera distinta de observar un mismo elemento, ampliando las preguntas y enriqueciendo el relato colectivo.

Alberto Fernández, académico de Vinculación con el Medio de la Facultad de Ingeniería USS, participó desde su experiencia en estudios hídricos, particularmente en el monitoreo de contaminación y salud ecosistémica de la bahía de Puerto Varas.

“Para mí, como ingeniero especializado en estudios hídricos, resulta relevante encontrar puntos de unión entre la ciencia y otras disciplinas, como el arte y la arquitectura”, señala.

El académico explica que, cuando se habla de gestión integrada del agua, se reconoce que esta no puede comprenderse como un elemento aislado, pues mantiene múltiples interacciones sociales, ambientales y económicas. “Hacer este cruce con otras disciplinas amplía la conversación. Este proyecto va en esa línea”, agrega.

Esa mirada también fue significativa para quienes participaron desde su formación universitaria.

Paulina Sepúlveda, estudiante de Arquitectura USS, destaca que la experiencia le permitió ampliar su comprensión de la disciplina y reconocer la importancia de observar el territorio desde perspectivas complementarias.

“Esta experiencia me permitió ampliar mi manera de entender nuestra disciplina y reconocer que, muchas veces, las reflexiones más valiosas surgen cuando somos capaces de mirar más allá de nuestra propia área de conocimiento”, comenta.

Uno de los mayores desafíos, recuerda, fue seleccionar y organizar la gran cantidad de antecedentes disponibles. Cada investigación, historia y dato parecía relevante, pero era necesario construir un relato comprensible para cualquier visitante.

Ese ejercicio también abrió una reflexión sobre el papel de los futuros profesionales y su responsabilidad de compartir el conocimiento con la comunidad.

“Lo más valioso fue comprender que el conocimiento adquiere un sentido aún mayor cuando podemos compartirlo con otros”, afirma Paulina, quien considera que la experiencia permitió vincular su formación con una comprensión más amplia de la cultura y la memoria construidas en torno al agua.

La paradoja de vivir rodeados de agua

En una región donde las lluvias son parte del paisaje cotidiano y donde abundan lagos, ríos y humedales, hablar de crisis hídrica podría parecer contradictorio.

Pero esa abundancia aparente no garantiza el acceso al agua ni su calidad.

Ignacio Saavedra recuerda que esta fue una de las preguntas que acompañó el desarrollo del proyecto. “Siempre, desde el inicio, me han preguntado por qué hablar de las crisis hídricas en una región donde estamos rodeados de aguas”.

El curador explica que, pese a las lluvias, lagos, humedales y fiordos, existen dificultades de acceso al agua en sectores rurales, además de problemas de contaminación y transformaciones ambientales. Esta contradicción permite comprender que la disponibilidad del recurso no depende únicamente de su presencia en el paisaje.

El agua no reconoce los límites administrativos ni las divisiones que establecemos sobre el territorio. Circula, conecta y transporta también las consecuencias de nuestras decisiones.

En ese sentido, la exposición incorpora investigaciones científicas desarrolladas en la región, entre ellas estudios sobre contaminación, microplásticos, monitoreo de cuerpos lacustres y nuevas tecnologías vinculadas al tratamiento del agua.

Parte de estos contenidos también se encuentra disponible en memoriadelagua.cl, un archivo digital que permite continuar la exploración más allá del museo, acceder a investigaciones y profundizar en los temas abordados por la muestra.

Para Saavedra, uno de los valores de esta plataforma es precisamente su posibilidad de seguir creciendo como un espacio de encuentro entre investigadores, instituciones y comunidades. En su reflexión aparece también la importancia de democratizar el conocimiento y hacerlo accesible, para que los avances científicos puedan contribuir a las decisiones que se toman sobre el territorio.

Esta mirada adquiere especial relevancia frente a las transformaciones que experimenta el sur de Chile. La expansión urbana, las parcelaciones y las distintas actividades productivas tienen consecuencias sobre los ecosistemas y los cursos de agua, haciendo cada vez más necesario incorporar el conocimiento científico y las experiencias locales en la planificación territorial.

Aprender a mirar nuevamente

Después de meses trabajando en el proyecto, Ignacio Saavedra reconoce que su propia manera de observar el agua cambió. Las nubes, por ejemplo, dejaron de ser únicamente parte del paisaje para convertirse también en la expresión visible de procesos atmosféricos que conectan territorios a grandes distancias.

Al preguntarle qué espera que las personas se lleven después de recorrer la exposición, su respuesta es sencilla: “Mejores preguntas, diría yo”.

“Me ha hecho mirar el agua después de estos meses de obsesión de una manera muy distinta”, comenta, reconociendo que el proceso también lo llevó a cuestionar aspectos cotidianos y a comprender mejor las múltiples conexiones que existen entre el agua y nuestras formas de vida.

Porque conocer los problemas ambientales puede resultar abrumador, pero también permite descubrir investigaciones, experiencias y acciones capaces de transformar nuestra relación con el entorno.

Quizás allí reside uno de los aportes más interesantes de La memoria del agua: recordar que el conocimiento no pertenece exclusivamente a los laboratorios o las universidades y que, cuando se comparte, puede abrir nuevas maneras de comprender y cuidar aquello que nos rodea.

El agua ha estado presente mucho antes que nosotros. Ha modelado el territorio, acompañado sus transformaciones y guardado las huellas de distintas formas de vida. Hoy también conserva las marcas de nuestras decisiones.

Y tal vez la invitación sea esa: volver a mirar la lluvia, los lagos, los humedales y el mar no solo como parte del paisaje que conocemos, sino como una memoria compartida de la que también somos responsables.


La memoria del agua puede visitarse gratuitamente hasta el 14 de noviembre de 2026 en el Museo Histórico de Puerto Montt Juan Pablo II (MUPA), ubicado en avenida Diego Portales 977, Puerto Montt. Su archivo digital está disponible en www.memoriadelagua.cl.

Fotografías gentileza de la Escuela de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, sede De la Patagonia.