Fernando Lataste y la posibilidad que abre el cine para "formar ciudadanos con mayor profundidad de juicio y pensamiento crítico"
27 de octubre de 2026

El Festival Internacional de Cine de Valdivia se ha convertido en el principal punto de encuentro del cine chileno y uno de los eventos de su tipo más importantes de Latinoamérica. Fundado en 1994 bajo el alero del Cine Club de la Universidad Austral de Chile, FIC Valdivia se caracteriza por situarse a la vanguardia, permitiendo al público y a la industria chilena ser partícipes de la irrupción de nuevas voces y de miradas únicas.
A días de concluir la versión 33 del Festival, Revista Barco de Papel entrevistó a Fernando Lataste Muñoz, secretario ejecutivo del Centro Cultural de Promoción Cinematográfica de Valdivia (CPCV) para conocer más acerca del trabajo que se realiza anualmente para impulsar y exhibir cine desde la región de Los Ríos y en la que Lataste analiza el rol social de este certamen que busca proyectar los "clásicos del futuro".

FICValdivia tiene una larga trayectoria. En un circuito latinoamericano cada vez más competitivo, ¿qué combinación hace que la experiencia de Valdivia sea irrepetible frente a otros festivales?
Yo creo que aquí son fundamentales dos cosas. Por un lado, el festival ha tenido distintas orientaciones de acuerdo a sus directores, pero hoy día uno de sus principales capitales es disponer de un equipo de trabajo con mucha experiencia. En varios aspectos del evento hemos sido pioneros, en tecnología, en el sistema de organización de públicos e invitados, en la institucionalidad que hemos creado, entre muchos ámbitos.
Por otra parte, son muchos los proyectos interesados en lo que hacemos, esto ha llevado al equipo del CPCV a viajar a diversos países, por invitaciones como jurado o expositores, hemos estado en China, USA, España, Cuba, Colombia, Japón, Argentina, Perú, Italia, Francia, Bolivia, etc Y tener colaboraciones con múltiples festivales y proyectos en Chile. El equipo de trabajo, es una de sus principales fortalezas.
Y lo segundo es importante la ciudad y por supuesto toda la región, visitar Valdivia y la Región de los Ríos durante la segunda semana de octubre, es realmente una experiencia hermosa que muchas veces los valdivianos no valoramos. Tenemos claro, que las personas que vienen a un evento bien organizado, donde ven buenas películas, un cine diferente, las cosas funcionan bien y la ciudad ofrece un escenario maravilloso. Creo que esos dos elementos son fundamentales.

Un festival puede ser exitoso en función de asistentes, recursos apalancados.... pero CPCV busca incidir de forma más profunda en la región. ¿Qué metodologías o indicadores utilizan para evaluar el impacto real de FICValdivia?
Efectivamente desde hace años hemos ido estudiando nuestro evento, hemos ido colaborando en la generación de socios externos que nos evalúen y generen métricas para sectores que están viendo principalmente la dimensión económica del proyecto, muchas veces esas evaluaciones fueron hechas por la UACH y hace ya varios años, se creó el Observatorio de Economía Creativa de Valdivia, ellos son quienes han hecho la mayoría de los estudios, ya no sólo del festival, sino también de otros eventos vinculados con la música, ferias, etc. En la evaluación del impacto económico del año pasado el festival aportó un poco más de 1.400 millones de pesos a la economía de la ciudad y a la región, por eso decimos que por cada peso que ejecutamos quedan en la economía local un poco más de 3 pesos.
El festival y el proyecto del centro cultural, tiene una programación anual vinculada a las artes cinematográficas con actividades en toda la región, tiene impactos en la educación, desde luego en la vida cultural de los territorios, en la difusión de la ciencia, en la formación de público, en la promoción de la ciudad y de la región. Durante el festival se acreditan más de 130 periodistas, muchos de ellos internacionales. Así que los impactos del evento son diversos, podríamos sumar y sumar impactos, por ejemplo, creemos que sin la existencia del festival, habría sido mucho más difícil imaginar una escuela de cine en la UACH, que la educación técnico profesional en La Unión, Paillaco y Valdivia, tengan una carrera de técnico audiovisual, que CORFO en la Región tenga incentivos para atraer rodajes, son algunas de las cosas en las cuales, de alguna manera formamos parte de esa cadena de impactos que hacen que esto hoy día exista. Deberíamos sumar a eso, la postulación como ciudad creativa de la UNESCO con foco en la cinematografía, que lidera el Municipio de Valdivia.

Quedé muy sorprendida con los números: más de 200 películas en cada festival, estrenos exclusivos, delegaciones internacionales en la región de Los Ríos, todo ello supone una logística compleja en un contexto donde el financiamiento cultural es muy frágil ¿Cómo ha trabajado CPCV la sostenibilidad financiera e institucional del festival y cómo participan los privados, la UACh, el sector público?
Efectivamente toda el área de programación y por lo tanto el vínculo con las películas y con la industria lo lleva principalmente el director del festival, quien conduce la línea artística del evento y seleccionan las más de 200 películas, junto a un equipo de programadores para las distintas secciones competitivas y las muestras paralelas del festival. Un dato relevante, para nosotros es que el número de películas que quieren participar de las secciones competitivas del festival ha ido aumentando significativamente, este año más de 800 películas se postularon a ser parte del Festival Internacional de Cine de Valdivia. Son películas de todo el mundo, son películas diversas, documentales, cortometrajes, muchas de ellas estrenos. Así que es un trabajo de todo el año, de generación de redes confianza, que permiten tener la programación que tiene este evento y que además es precisamente uno de los aspectos que más se elogia, la calidad de su programación y de su organización.
Sostener esto financieramente no es fácil, sobre todo cuando no tienes un financiamiento basal, sino que dependes de un conjunto de fondos concursables, subvenciones, que todas requieren gestión de todo el año, tener a las autoridades informadas de las oportunidades y también de las dificultades que tiene el evento y generar las confianzas en toda la institucionalidad que hace posible este festival. Los aportes privados han ido significativamente disminuyendo, entiendo que es un fenómeno que no sólo le ocurre al festival, sino que sobre todo después de la pandemia, el aporte de los privados a la cultura ha disminuido.
Actualmente nuestro financiamiento se sostiene fundamentalmente en fondos públicos, el Ministerio de las Culturas las Artes y el Patrimonio, el Gobierno Regional de los Ríos y la Municipalidad de Valdivia, junto con algunos fondos eventuales importantes, como los fondos de Industria del Ministerio de Cultura, los fondos de CORFO, esos principalmente y por lo tanto esta misma lógica de la concursabilidad, nos lleva a convertir la organización del evento, en una plataforma de administración de una cartera diversa de proyectos, en distintas etapas de avance y desarrollo, además de ir pensando nuevas ideas, sobre la cual ir manteniendo y haciendo crecer el proyecto.
Institucionalmente, también hemos innovado. En 2006, con la firma del primer convenio entre la Universidad Austral de Chile y el Centro Cultural, la Universidad cedió a este último la producción del festival. Ambas instituciones ya tenían claridad de que el evento crecería significativamente y de que sus implicancias económicas, culturales y sociales requerían una atención mayor. Por esta razón, se creó la figura del Directorio del Festival, integrado por la máxima autoridad de la Universidad Austral de Chile, el gobernador o la gobernadora regional, la alcaldesa o el alcalde de Valdivia, representantes de Codeproval, en representación del sector privado, y nosotros, como Centro Cultural, como actores de la comunidad cultural. Se trata de una alianza innovadora, pues, por primera vez, el gobierno regional, el gobierno local, la academia, el sector privado y la sociedad civil están representados en una misma institucionalidad. Ante este directorio rendimos cuentas y nos reunimos al menos una vez al año, instancia en la que el festival presenta sus avances y dificultades. Asimismo, cada cuatro años se reafirma la continuidad de la dirección del evento o se abre la posibilidad de elegir a un nuevo director o directora.
Este modelo ha fortalecido las confianzas y generado las condiciones necesarias para recibir apoyos sostenidos durante décadas. Estos aportes no se limitan al financiamiento, sino que también incluyen contribuciones estratégicas de la Universidad, la Municipalidad y el Gobierno Regional en materia de infraestructura, fundamental para el desarrollo del evento. Y de cara al futuro, considerando las necesidades actuales, el desafío será dotar no sólo al festival, sino también a una serie de otros eventos, de la infraestructura que requieren. Esto permitirá fortalecer el sector de las industrias creativas y aumentar su contribución a la economía regional.

El festival es una plataforma con actividades permanentes en la región. ¿qué lecciones han aprendido del vínculo permanente con la comunidad? ¿qué desafíos persisten para democratizar el acceso al cine?
Primero decir que creo que, en el ethos de nuestro equipo de trabajo, está la idea base que tanto el Festival de Cine, como las actividades y la programación que desarrollamos durante todo el año tienen que ser una contribución a la cultura, a la sociedad, a la formación de ciudadanos más críticos, a la promoción de los Derechos Humanos, la ciencia, etc. Por eso nos interesa también participar de las actividades que nos invitan diversas organizaciones públicas y privadas, de las cuales somos parte (mesa de economía creativa regional, zoit Valdivia, etc) siempre esperando que el sector de las Industrias creativas, haga una contribución mayor al desarrollo de la ciudad y de la Región. Por eso vamos a dar cine a lugares apartados, por eso hacemos talleres de cine en escuelas públicas, por eso trabajamos para levantar recursos para hacer funciones para público con necesidades especiales, por eso hacemos actividades que están vinculadas con los adultos mayores.
Desde luego todo ese horizonte de trabajo, nos ha enseñado muchas cosas. Yo creo que una de las primeras es saber escuchar y a partir de escuchar, desarrollar una relación que permita generar un trabajo de conjunto, ojalá coproducir proyectos, que generen la confianza entre nosotros. Existe una red muy interesante de artistas y gestores culturales que están asociados a las actividades del centro cultural.
Desde luego la infraestructura cultural es un tema, porque finalmente uno termina exhibiendo cine en salas de clase, bibliotecas, etc. en lugares en que la experiencia cinematográfica no es la mejor. La región debe generar una cartera de proyectos de infraestructura cultural, que permita que todos esos pequeños ecosistemas culturales comunales, puedan desarrollarse. Estamos llenos de eventos culturales, deportivos, gastronómicos, ferias, etc. Que deberían estar dotados de la infraestructura necesaria, que ojalá sean lugares bellos, dignos, un aporte. Estoy seguro que, si existiera una estrategia profunda en eso, tendríamos otra realidad regional.

Muchas de las películas que inician su recorrido en Valdivia terminan cosechando reconocimientos en festivales europeos. ¿Cómo ven desde CPCV los cambios en los hábitos de consumo, la distribución independiente y las plataformas digitales?
Uno de nuestros lemas es “clásicos del futuro”, la idea es identificar esas películas, muchas veces invisibilizadas ante una industria potente, pero que sus particularidades artísticas, o por el mensaje que contienen, llegan a ser grandes películas. Por eso, muchas películas eligen Valdivia para su recorrido de festivales y distribución.
Durante la pandemia pasaron dos cosas bien importantes, uno hubo una reducción importante de la producción, una disminución total de la exhibición en salas de cine y una ampliación grande de exhibición a través de plataformas digitales, de hecho, hubo una discusión dentro de los festivales, sí correspondía que participaran en ellos películas creadas sólo para plataformas digitales, finalmente vemos ya varios festivales se han abierto a eso. Por otra parte, el festival es más bien un encuentro de películas de cines diferentes, de industrias más frágiles, cine hecho en países en desarrollo, cine hecho por comunidades indígenas, por mujeres y jóvenes. Entonces el cine que exhibimos en nuestro festival y muchos festivales de cine del mundo, se sale de un circuito completamente comercial y exhiben películas cuyo objetivo no sean solamente entretener.
De hecho, este mismo año, durante un panel del área de Industria del festival, algunos expositores planteaban que el cine, tal como lo conocemos, está agonizando, mientras que otros se mostraban más optimistas respecto de su futuro. Creo que, como ocurre con tantos otros fenómenos del planeta, el cine está atravesando un proceso de transición. Es probable que durante muchos años convivan distintas formas de experimentarlo: la experiencia tradicional de asistir a una sala, el visionado de películas en el hogar y las nuevas posibilidades que ofrecen las tecnologías y los formatos emergentes. Estamos, sin duda, ante un proceso de transformación que podría prolongarse durante varios años y cuyo desarrollo terminará por definir el futuro de esta industria. A ello se suma el debate sobre el impacto de la inteligencia artificial en el cine, al igual que en otras expresiones artísticas y creativas.
Por eso, no me atrevería a aventurar un juicio definitivo sobre lo que ocurrirá. Me parece más adecuado reconocer que estamos en una etapa de transición, en la que conviven las formas tradicionales de experimentar el cine con las nuevas posibilidades tecnológicas.
Desde luego, en nuestro fuero interno, deseamos que nunca se pierda la posibilidad de que un grupo de personas desconocidas, entre en la caja negra que es una sala de cine, para compartir una película, creada por una persona y un equipo de trabajo. Que esa experiencia permita que quienes están allí puedan conversar, comprenderse y conocer mejor el mundo a través del cine. Y que, a partir de ese encuentro, podamos contribuir a formar ciudadanos con mayor profundidad de juicio y pensamiento crítico.

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Fernando Lataste es gestor cultural y productor audiovisual, se ha especializado en la asesoría para el diseño y gestión de proyectos culturales y en producción ejecutiva de proyectos audiovisuales. Es Secretario Ejecutivo y fundador del Centro Cultural de Promoción Cinematográfica de Valdivia, organización ciudadana que mantiene una programación cultural anual vinculada al cine en toda la Región de los Ríos y que produce el Festival Internacional de Cine de Valdivia.
[Fotografías de este artículo cedidas por el Centro Cultural de Promoción Cinematográfica de Valdivia]