José Miguel Martínez Neghme: “Escribir, ya no desde la nostalgia por mi padre muerto, sino desde el goce de estar vivo”
24 de abril de 2026

Arquitecto, escritor y traductor, José Miguel Martínez Neghme escribe actualmente desde Frutillar. Este mes estrena su sexto libro, Cuando pienso en mi padre, obra donde, desde la no ficción, aborda temas como la vida, la muerte, el lugar y la paternidad a través de ensayos, entrevistas, diarios, anotaciones y reflexiones. Todo lo anterior a partir del año en que murió su padre y nació su único hijo, y que tejió “una conexión subterránea y misteriosa entre los tres hombres de la familia”.
En la antesala de la presentación del libro en la Biblioteca Pública de Frutillar, junto a Rosabetty Muñoz y Belén Fernández Llanos, Martínez conversó con Revista Barco de Papel acerca del duelo, de la memoria, la investigación y cómo tomó forma este libro editado por La Pollera Ediciones.
Partamos abordando la estructura: ¿cómo se construye este libro que enlaza la muerte y la vida?
Cuando pienso en mi padre, como comentó mi editor en el lanzamiento en Santiago, tuvo varias versiones. Yo siempre quise escribir este libro. Siempre, desde que murió mi papá, quiero decir. Pero nunca me sentí capaz de hacerlo porque el material era muy intenso emocionalmente, estaba muy permeado por el duelo.

Creo que el primero de los ensayos que escribí fue el año 2018, el que se titula “La Biblioteca Ideal”. Y luego, en el tiempo, y muy separados entre sí, fui escribiendo los otros textos de la primera parte, el “Diario de muerte”. Pero nunca se me ocurrió cómo podía darle forma exactamente a este libro; yo pensaba que escribiéndolo como una biografía, tal vez.
¿Y cómo fue que terminó por alcanzar su forma definitiva?
El año 2023 leí ¿Hay alguien ahí? y Sigo sin saber de ti, un par de libros de ensayos de Peter Orner, y me marcó mucho su libertad formal. Haber leído ambos libros fue esencial en la posibilidad de escribir un libro híbrido. En ese tiempo, ya había empezado a escribir otros ensayos narrativos, de diversos temas –entre ellos, el de la muerte de mi padre–, y así fue como armé un libro collage en base al ejercicio de la memoria personal, reconstruyendo distintos momentos de mi vida, pero bajo un asidero teórico de diversas lecturas, que luego envié a la editorial.
En la primera conversación con el editor sobre ese libro, él me dijo, “¿sabes qué? Este libro son tres libros, tienes varias líneas temáticas”, y me dijo que le interesaría trabajar primero un libro con los ensayos sobre la muerte de mi papá, pero también sobre mi propia paternidad –mi hijo nació seis meses después de que muriera mi viejo–, escrito y pensado además desde mi medianía de edad, es decir, desde mi adultez. El libro, por tanto, ya no sería sólo sobre mi papá. Y con eso me convenció.
¿De qué manera lo fuiste trabajando entonces?
Primero, me propuse entrevistar a mis tíos, los hermanos de mi viejo, para informarme de su infancia y adolescencia. Ese impulso estaba relacionado con algo sobre lo que reflexionó Ricardo Martínez Gamboa en el lanzamiento en Santiago; la idea de cómo uno no sabe quiénes fueron tus padres antes de ti, el cómo uno asume que tus padres fueron quienes son desde que te tuvieron. Pero obviamente tuvieron una vida intensa y bien vivida antes de llegar al punto en que naciste.
Y eso me intrigaba. ¿Se habrá tropezado, mi padre, con las mismas zancadillas que yo en la vida? Él tenía una personalidad muy peculiar, y hay cosas que siempre me gustaron de esa personalidad –su humanismo, su buen trato hacia el resto de las personas, él fue un hombre muy amable–, pero habían otras cosas que no me gustaban, porque yo siento que a él la vida le pasó por encima. Por eso fui a hablar con mis tíos y entré a la reconstrucción de la infancia y adolescencia de mi viejo en Chillán, en un afán casi psicoanalítico, y viajé para allá y grabé a mis tíos después de un almuerzo donde la conversación duró hasta la una de la mañana. Y ahí lo empecé a pasar súper bien con el libro, empecé a escribir, ya no desde la nostalgia por mi padre muerto, sino desde el goce de estar vivo.

En ese proceso de escritura, ¿usaste un libro de anotaciones?
Tengo muchas libretas, siempre ando con una. Pero además tengo cuadernos de proyectos literarios, uno por cada libro que he escrito. Y este cuaderno amarillo, que tengo acá en la mesa, es el de Cuando pienso en mi padre y está exclusivamente pensado para la escritura de los ensayos de este libro. Aquí los iba planificando, porque antes de lanzarme a escribir planifico mucho, tomo muchos apuntes de ideas. Y después de tener el texto más o menos delineado, me siento a darle orden y lo paso al computador y ahí lo voy reordenando hasta que toma su forma definitiva.

Jose, en el libro están las memorias, las anotaciones, los ensayos, las conversaciones con tus tíos. Pero una parte súper importante son los sueños, ¿por qué elegiste incorporar los sueños?
Los sueños son una experiencia muy personal, una cosa mucho menos reflexiva en su esencia, es decir, son material en bruto. En ese sentido, los sueños no le importan a nadie más que al individuo que los sueña. Si te fijas, cuando alguien le cuenta un sueño a otra persona no hay mucho enganche, no hay cómo participar de esa experiencia tan íntima. Por eso yo siempre he creído que contar sueños en los libros es una lata, pero, paradójicamente, yo mismo quebré mi propia regla porque, al revisar mis diarios y hacer la selección de las notas que quedarían en el libro, me planteé el desafío: “sí de base leer sueños ajenos es una lata entonces, ¿cómo puedo hacer para que no sea lata para el lector?”
Y ahí decidí mantenerlos lo más acotado posible y narrarlos con la voz de un narrador de cuentos. Luego, en una segunda instancia, pensé en darle algún tipo de marco conceptual o teórico para justificar su existencia en el libro; fue entonces que escribí ese ensayo sobre los sueños que se llama Soñar la casa. Por último, me pareció importante que ese material formara parte, justamente, de este proceso de pérdida, de duelo, y de nacimiento, casi en un tono documental. Porque, en definitiva, cuando a los sueños les das un marco conceptual más grande, y lo integras a nivel literario en el todo, ahí sí hacen sentido; ahí sí, me parece, se vuelve interesante leer el sueño de un otro.
José Miguel Martínez Neghme ha publicado el volumen de cuentos El diablo en Punitaqui (Tajamar Editores, 2013; Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura 2012), las novelas Hombres al sur (Tajamar Editores, 2015), Tríptico de Granola (Tres Puntos Ediciones, 2020; Premio Pedro de Oña 2017) y Los tres duelos del detective Bernales (Tajamar Editores, 2024); y el volumen de relatos de ciencia ficción Ceres (Minotauro, 2021). Ha traducido, además, a James Baldwin, S. Craig Zahler y Jack London, escribe ensayos y crónicas para el diario digital Cine y Literatura, y es conductor del podcast Cátedras Paralelas, donde conversa sobre libros y lectura.
En la región de Los Lagos, el libro será presentado por la poeta Rosabetty Muñoz y la escritora Belén Fernández Llanos el miércoles 29 de abril a las 18.45 horas en la Biblioteca Pública de Frutillar (Carlos Richter 560).
