La Charawilla en Frutillar: “Sentí la necesidad de compartir con la ciudad lo que me estaba entregando la tierra”

Música

27 de febrero de 2026

PorMaría José Hess Paz
La Charawilla en Frutillar: “Sentí la necesidad de compartir con la ciudad lo que me estaba entregando la tierra”

Daniela Sepúlveda, La Charawilla, es cantora y payadora chilena, dedicada desde el año 2010 a la enseñanza y difusión del Canto a lo Poeta y la cueca, mostrando así parte de la riqueza poética y musical de nuestro campo. Es intérprete de guitarra traspuesta, acordeón y guitarrón chileno.  

 

El sábado 28 de febrero a las 11.00 horas realizará un taller de creación de poesía en décimas en Biblioteca Municipal de Frutillar junto a Frutillar Ciudad Creativa de la Música. Desde Revista Barco de Papel, conversamos con ella un lluvioso mediodía de febrero en Biblioteca de Frutillar.

 

¿Cómo llegaste a ser cantora?

 

Yo llegué a este camino por esas casualidades maravillosas de la vida. Yo no vengo de una cuna campesina, nací en el cemento en Viña del Mar, como se dice, soy pollo de criadero.

Y por esas casualidades de la vida, muy inspirada por la obra de la Violeta Parra, se me ocurrió empezar a ir al campo para ver si todavía quedaban cantores como los que ella recopilaba, cantoras principalmente. Yo más que encontrar cantoras, allá en la zona central, encontré cantores.

 

Y me encontré con el mundo masculino del canto campesino, que es principalmente la décima, el canto a lo poeta, la paya, el canto a lo divino. Porque si bien hoy día esas fronteras ya casi no existen, en el campo todavía estaba muy marcado que el mundo de la cantora es las cuecas y las tonadas, y el mundo del cantor es la décima y el canto a lo divino.

 

Y me hice cantora, tomé esa batuta porque los mismos cantores me empezaron a empujar así como: ¿y por qué no escribe Y así, de estar grabando encuentros de payadores, asistiendo, disfrutando, un día me vi en un escenario. De hecho, a ratos me lo cuestiono, cuando estoy en un escenario con los nervios, sufriendo la improvisación, porque la paya es un arte muy complejo, me lo pregunto.

 

¿Se podría decir entonces que este mundo te encontró a ti?

 

Claro, de hecho, Atahualpa Yupanqui habla de eso, del llamado de la tierra, el llamado del campo.

Y yo siento eso, el folclor necesita mantenerse vivo y encuentra seres sensibles que conectan con esa necesidad, como yo y mucha gente más que nos dedicamos a esto, que es algo súper contracultural. Paradójicamente, hacer canto popular hoy en día no es popular.

 

Entonces si ya ser artista en este país es complejo, hacer folclor es más descabellado, es más under todavía, fuera de los grupos folclóricos y todo. La paya es algo, y la décima, es una subcultura dentro del folclor que ni los mismos folcloristas conocen mucho.

 

Claro, compites con el reguetón…

 

Yo trabajo haciendo talleres en escuelas en un programa del Ministerio de Culturas que se llama Acciona, y claro, los primeros años me tocaba en el campo, y ahí para mí era maravilloso, pero hacer un taller de cueca a un octavo básico, en una población en Viña del Mar, es súper complejo, escribir cuecas si no les interesa. Es un desafío constante…

 

Yo siempre digo, yo nací en el año 85 en Viña del Mar, y La Charawilla nació en el año 2010 en la ciudad de Rancagua. Entonces, cuando yo conocí este mundo, a mí me resignificó la vida. El folclor nos rescata, ese llamado de la tierra es muy poderoso.

 

¿Y cómo nació La Charawilla en Rancagua en el 2010?

 

Yo desde niña que escribo y siempre cantaba, pero no sabía cómo darle forma a lo que escribía, si era prosa, si era poesía. La décima me dio un marco, donde poder dar un principio y un fin a mis ideas. Entonces, me ayudó a cuajar un poco lo que yo quería escribir.

 

El canto a lo poeta complementa mis dos pasiones, que es la música y la escritura, porque es poesía que escribo y que se canta. Entonces, por ahí conecté súper bien.

 

Entonces, empecé a ver libros, no había libros escritos por mujeres de décimas. Yo buscaba y buscaba, y no encontraba nada que a mí me llegara, no me tincaban, o eran muy a lo divinos, o muy de caballos, de cuchillos. Entonces, el único libro que había en ese momento, escrito por una mujer, era la autobiografía en décimas de la Violeta Parra. Y quise que el día de mañana, cuando mujeres jóvenes busquen décimas y quieran empezar a leer, encuentren cosas escritas por mujeres, de temáticas nuestras. Ahí empecé.

 

Todos los poetas populares, o la mayoría, siempre han tenido un seudónimo. Y ahí, en el libro de la Violeta, en una parte ella dice, “y mi papá me dijo, sale de aquí charagüilla”. Y yo leí eso, y yo dije, uy, qué bonito suena, charagüilla, charawilla, sí, suena muy musical, tiene alta rima, suena como medio pajarístico, y se refería a un modismo local para la gente que hablaba mucho, o que hacía mucho ruido, y claro, el papá le decía a la Violeta charagüilla porque hablaba mucho.

 

Entonces de ahí yo tomé el charawilla. Yo me fui al campo con mi pareja con la idea de salirnos del sistema y autosustentarnos. Llegamos a vivir a San Francisco de Mostazal al lado de unos super maestros cantores, y encontré en el campo un tesoro, que para mí es imposible guardarlo. Yo sentí la necesidad de compartir con la ciudad lo que me estaba entregando la tierra.

 

Conecté mucho con la obra de Atahualpa Yupanqui, y él en su autobiografía que se llama “El payador perseguido”, que es una obra que dura 40 minutos cuenta toda su historia con el campo y en una parte dice, “hacer nuevo lo que es viejo para ver el mundo cambiado”, y ahí me dije que esta es la forma en la que yo puedo aportar al mundo también, desde un lugar muy amoroso y tierno.

 

Entonces este arte me permite estar conectada con la creatividad, pero también con ese llamado que uno tiene de aportar a la humanidad con algo, y eso me gustó mucho también, que el arte del canto campesino es un arte que no nace necesariamente desde el ego, de querer aplausos. Los cantores en el campo están al servicio de la comunidad, es casi como un apostolado.

 

Yo me hice cantora porque me enamoró esa sencillez y ese deber social de ser cantor, y que el cantor comparte y acompaña en los momentos más íntimos a una familia, en los duelos, en los bautizos, en los matrimonios, en los velorios, me dio una profundidad al arte que en la ciudad no encontré.

 

¿Cómo ves el rol de Rosa Araneda en la lira popular?

 

Ella fue la única mujer reconocida en la lira popular, ella escribió bastante pero no publicó libros.

Cuando comencé a escribir y encontré la lira popular, en esos años todavía no se corroboraba la existencia de Rosa Araneda. Por muchos años los investigadores pensaron y dijeron que ella no existía, sino que fue un alter ego que se inventó Daniel Meneses, cuando hay mucha evidencia de que ella sí existió, pero para los hombres y para los investigadores de la época era tan imposible que una mujer generara tanta producción literaria en décima que la negaron.

 

[Imagen superior: pliego impreso a la manera de la antigua lira popular. Versos por la Charagüilla y El Quiltro / Xilografía por Claudia Salas Vergara. 2013]

En el año 2013 con la artista Claudia Salas trabajamos por primera vez un proyecto de lira popular, y ella ilustra hasta el día de hoy mis décimas.

 

Cuéntame del taller de mañana en Biblioteca de Frutillar

 

Mañana el taller en Biblioteca de Frutillar es justamente de lira popular, de décima y cueca. Las personas van a escribir sus propias décimas y sus propias cuecas y se van a poder llevar a la casa una lira.

 

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El taller en Biblioteca de Frutillar es una oportunidad para acercarse a la tradición de las décimas, aprender sus estructuras y vivir la experiencia de la poesía popular guiada por una de sus principales exponentes en Chile. Se realizará el sábado 28 de febrero a las 11.00 horas y es abierto a la comunidad, para toda la familia. Inscripciones abiertas en +652421471 o directamente en el mesón de circulación y atención a público de la Biblioteca de Frutillar.