Materia sensible: collage que habita, acompaña y transforma el espacio en el CAMM
30 de abril de 2026

En el primer piso del Centro de Arte Molino Machmar, específicamente en el café que da la bienvenida al recorrido, la exposición Materia sensible del colectivo Somos Collage no sólo se instala: habita el espacio. Y en ese habitar, lo transforma. Porque más que una muestra tradicional, lo que ocurre aquí es una experiencia que acompaña y que, sobre todo, colorea las paredes con una energía viva, fragmentada y simbólica.
La exposición, que se desplegó entre el 8 y el 30 de abril de 2026, eúne el trabajo de Bárbara Rivera, Paulina Sandoval, Isidora Waidele, Valentina Rojic y Florencia Reid, quienes, a través del collage como lenguaje común, y desde distintos estilos, dialogan en torno al fragmento, la intuición y la memoria. Así, cada pieza parece emerger desde un proceso íntimo, pero al mismo tiempo colectivo, donde las imágenes se encuentran, se tensionan y finalmente se ensamblan en nuevas narrativas visuales.
En este sentido, Materia sensible no busca imponerse, sino más bien acompañar la pausa del café, la conversación y también el trabajo rutinario.

Un colectivo que nace desde el encuentro
Sobre el origen del colectivo, Florencia Reid explica que Somos Collage nace desde un espacio de encuentro entre mujeres con distintas trayectorias creativas, donde el collage fue el punto de unión y también una forma de descubrimiento personal. “Somos Collage nace a partir de un taller de creación y técnicas mixtas. Fue un espacio de encuentro entre mujeres con distintas trayectorias y sensibilidades creativas. Algunas integrantes llegaron con experiencia previa en artes visuales, otras comenzaron desde cero. El collage fue el punto de unión y también una forma de descubrimiento personal”.
Así, lo que comenzó como un espacio formativo fue, poco a poco, convirtiéndose en una red de creación y sostén. Y esa dimensión vincular —profundamente femenina, aunque nacida desde el azar— también se percibe en la muestra. “La respuesta más corta y sincera es la casualidad. El colectivo surge a partir de un taller al que se inscribieron únicamente mujeres… algo ocurrió y comenzamos a compartir(nos), a sostener(nos) y a hilar historias que, de alguna manera, eran personales y compartidas, al mismo tiempo”, señala Paulina Sandoval.

En torno al valor del collage como expresión artística, Valentina Rojic destaca su riqueza visual e interpretativa, especialmente por la posibilidad de crear a partir de fragmentos encontrados. “Yo no trabajo con un concepto en mente, ni con temáticas en particular, más bien hago un proceso de alquimia, donde los fragmentos me van llamando, como si tuvieran algo que decir, como si supieran dónde quieren estar, y yo soy el medio a través del cual logran unirse y fusionarse en un nuevo todo”.
Para Isidora Waidele, en tanto, el collage tiene un valor especialmente cercano y accesible, porque permite volver a vincularse con la creación sin tantas presiones técnicas. “El collage es flexible y universal; es una manera muy rica de revincularse con el arte y la expresión. Ayuda a que todos podamos volver a ser artistas”.

En ese cruce de experiencias, el collage se despliega no solo como técnica, sino como un lenguaje que articula distintas formas de aproximarse a la creación: desde lo intuitivo hasta lo reflexivo, desde lo personal hasta lo compartido. Es ahí donde la práctica deja de ser únicamente un ejercicio visual y se convierte en un espacio de exploración, donde cada obra contiene un proceso, un ritmo y una manera particular de mirar y recomponer el mundo.
“El collage tiene el valor de situarte frente a aquello que quieres expresar… no parte de la página en blanco, sino de la búsqueda”, concluye Bárbara Rivera.
Para seguir explorando su trabajo, puedes encontrar a Somos Collage en Instagram, bajo ese mismo nombre.
Fotografías gentileza de Somo Collage.