Puntadas de identidad: el reconocimiento patrimonial a las Bordadoras del Baker

Patrimonio

22 de septiembre de 2026

PorMaría José Hess Paz
Puntadas de identidad: el reconocimiento patrimonial a las Bordadoras del Baker

En la profundidad rural de la región de Aysén, específicamente en la cuenca del Baker, el acto de bordar flores y paisajes estuvo ligado durante décadas a la intimidad del espacio doméstico y familiar. Lo que para las mujeres era una labor tan natural, traspasada por generaciones, “como hacer pan" , hoy es reconocido por el Registro Nacional de Patrimonio Cultural Inmaterial. Parte de ello se vincula al trabajo de puesta en valor impulsado por la historiadora y periodista Catalina Camus. 

Tras años de adentrarse en casas patagonas, Camus lideró un esfuerzo colectivo para reconocer el oficio textil, impulsando la amplificación de las voces e historias de estas creadoras. Todo comenzó en 2018, cuando Catalina llegó a Cochrane para dictar un taller de identidad local para tejedoras a telar y, casi por azar, empezó a escuchar historias sobre tabaqueras bordadas en cuero de choique (ñandú). Al descubrir piezas de colores encendidos en baúles familiares, se dio cuenta de que estaba ante una tradición profundamente viva pero completamente ignorada por los registros oficiales.

Decidida a descentralizar esta mirada, se unió a Ignacio Ruiz y Marcia Fuentes para registrar este saber en el documental Bordadoras del Baker (2019). "El espíritu era que la comunidad viese el documental y reconociera que este oficio continuaba vivo en su territorio. Además de poder poner en el mapa de la artesanía chilena a este grupo de bordadoras de Cochrane", recuerda Catalina sobre esta pieza audiovisual que funcionó como un espejo entre las propias artesanas.

El impulso inicial del documental pavimentó el camino para una investigación aún más profunda que decantó en el libro Bordados con Historia: Relatos de Artefactos Textiles en la Cuenca del Baker. Coescrito junto a la diseñadora textil Francisca Vidal y con la fotografía de Marcelo Mascareño, este proyecto reunió más de 100 piezas textiles y contó con la participación activa de 24 bordadoras de la zona. El texto cataloga diseños inspirados en las flores de los jardines patagónicos, recopila las memorias de resistencia, complicidad y afecto grabadas en cada fibra.

Una de las protagonistas de estos relatos es Luisa Vargas, quien vive de forma aislada en el sector de Lago Vargas, en el campo "Malacara", herencia de su padre pionero. Luisa aprendió el oficio a los siete años siguiendo los pasos de su madre. Entre sus recuerdos más preciados destaca el cuadro textil que confeccionó en honor a la escuela rural que su padre construyó para que ellas no tuvieran que dejar el campo. "Yo hice la escuelita, la bordé. Es lo más lindo que tengo en la vida", relata Luisa, reflejando cómo el bordado se convirtió en el diario de vida de las mujeres de la cuenca, plasmando su cotidianidad en retazos de tela o sacos de harina reciclados.

A pesar del aislamiento geográfico que caracteriza a estas mujeres, quienes a menudo viven inmersas en el campo a horas de distancia entre sí, la comunidad ha logrado articularse firmemente ante hitos significativos. En este tejido social, figuras como Nilda y Marisol Pizarro han sido fundamentales para canalizar la representación comunitaria y liderar las etapas del registro. Esta unión les permitió reconocerse mutuamente como portadoras de una identidad colectiva en sus propios territorios, así como viajar juntas hasta Santiago para ser galardonadas en el Centro Cultural La Moneda en 2025, rompiendo la distancia.

Este largo viaje comunitario tuvo su máxima consolidación institucional cuando las Bordadoras del Baker fueron incorporadas oficialmente al Registro de Patrimonio Cultural Inmaterial por el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural. Este hito no es menor: históricamente, las manifestaciones inscritas en Aysén correspondían a oficios masculinos ejercidos al aire libre, como la carpintería de ribera o la tejuelería. El ingreso de las bordadoras significó un acto de justicia histórica. "Ahora son las únicas mujeres de Aysén que están en este registro", destaca Catalina, abriendo una puerta crucial para la visibilización del patrimonio femenino de la Patagonia.

Hoy, la trayectoria de las Bordadoras del Baker proyecta una segunda edición del libro y la conservación de piezas bordadas para una futura colección textil del Museo Regional de Aysén. Como bien señaló Gustavo Saldivia, director de dicho museo, este trabajo logra que el rudo paisaje patagónico se transforme en un territorio habitable a través del silencio, la intimidad y la complicidad de las agujas. Un mapa textil imprescindible para la identidad de Chile.

Extracto de la introducción del libro Bordados con Historia

“Inmersas en las profundidades de los valles de Cochrane, las bordadoras del Baker dividen sus días entre los múltiples quehaceres del campo, las tareas domésticas del hogar, y los momentos de pausa en los que pueden tomar la aguja y descansar entre el punto patagón, relleno y cadena, por nombrar algunos. Su principal inspiración son las flores que cultivan en sus jardínes, con estas en mente dan vida a artefactos utilizados principalmente para decorar el hogar y para adornar la tradicional vestimenta gaucha. Muy poco bordan para ellas mismas, destinando siempre su trabajo para un otro (en general, un hombre) o para su entorno”. 

Extracto del prólogo de Gustavo Saldivia

“Aprendí que siendo una labor eminente femenina en el territorio donde se desarrolló este trabajo, la principal visibilidad que tienen las prendas es cuando las usa el hombre, ya sea por el bordado del pañuelo al cuello, la tabaquera, etc., pero con las confianzas generadas, las bordadoras abrieron sus casas a las autoras, y pudieron acceder a otras piezas, reservadas solo para quienes pasan el umbral…así el lector se encontrará con cortinas, fundas, paños, etc., todo siempre con un arte de flores y algunos pájaros, que le dan colorido y movimiento al bordado…pero en los relatos (que en realidad son eso más que entrevistas) surge mucho más que hilos y figuras, aparece la cotidianidad rural…me trajo a la mente el lindo libro de poesía “remedios caseros” del chileno Raúl Rivera, donde nos habla de rumor de escobas, ruido de teteras sobre la cocina, gallinas con sueño, y más figuras que evocan “otro tiempo”...”otro Chile”...otro Aysén, que significa algo distinto para cada quien, donde la palabra “otro” manifiesta “diferentes diferencias”, donde los años han pasado de otra manera…”



Fotografías: Libro "Bordado con historia" | Fotógrafo: Marcelo Mascareño