Un recorrido visual de Ribera
1 de abril de 2026

Patrimonio cultural inmaterial, la carpintería de ribera chilota es un oficio de larga tradición, componente central en la identidad cultural de la región de Los Lagos, tanto a nivel insular como continental. Las familias que se dedican a este oficio son depositarias de un saber heredado, que profundiza en la naturaleza, la madera y su transformación. Junto al fotógrafo Francisco Donoso, Revista Barco de Papel llegó a Calbuco en busca de voces e imágenes que retratan este legado entre generaciones. Allí nos recibió la familia Almonacid.
El Sistema de Información para la Gestión del Patrimonio Cultural Inmaterial (SIGPA) registra a 46 cultores vinculados a la carpintería de ribera. En un ejercicio que combinó revisión y azar, llegamos a Hugo Almonacid.
Al poco intercambiar mensajes, Hugo nos cuenta que está en España, trabajando en la factoría Albaola, dedicada al patrimonio marítimo vasco. Fue invitado a participar en la construcción de la réplica del ballenero Nao San Juan, uno de los primeros buques transoceánicos, que se hundió en la costa de Canadá en 1565.
“Pero pueden hablar con mi hermana”, nos dice Hugo. Y así fue como quedamos de encontrarnos un día soleado de agosto con Javiera Almonacid.

Javiera estudia Ingeniería en Conservación de Recursos Naturales en Puerto Montt y creció entre esas grandes costillas de madera que sostienen las embarcaciones.
“Cuando era más chica, el gran referente en carpintería de ribera era el astillero de abajo. Todos eran hombres. Cuando quise entrar a ese mundo, yo era la única mujer”.
“En el primer encuentro macrozonal de carpintería, en 2023, me emocionó ver que varios carpinteros llegaban con sus hijas. Ahí entendí que el oficio también estaba empezando a transmitirse a las mujeres”, agrega.
Una historia familiar
Hugo y Javiera crecieron en Calbuco, en una familia estrechamente vinculada a la carpintería de ribera. Su bisabuelo construyó embarcaciones para transportarse y movilizar productos como papas, mariscos y pescados desde Isla Puluqui hasta Puerto Montt, para su comercialización. El padre de Hugo y Javiera, también llamado Hugo, se desempeña aún como carpintero de ribera, trabajando tanto en las cercanías de su vivienda como en astilleros de otras zonas.

Hugo estudió Ingeniería Naval, Mención en Arquitectura Naval en Valdivia. La formación universitaria le entregó herramientas ligadas a la construcción con materiales como el acero, fibra o aluminio, para observar de manera más crítica y técnica los procesos de elaboración de una embarcación.
“Acá igual está bien marcado el tema del diseño. Cada sector, y a veces cada persona tiene un diseño que él fue ganando con experiencia y ese es su sello”, dice Hugo.
En el proceso de construcción Hugo ha trabajado mediante la técnica de cuadernas natural, es decir, utilizan piezas de madera con formas particulares que después unen mediante pernos para tener las partes estructurales de la embarcación, a diferencia de otras zonas donde se utiliza el mecanismo de coser la madera a vapor. Con su padre armaron la Asociación de Carpinteros de Ribera, integrada por maestros antiguos y jóvenes para dar a conocer el oficio.

“Muchas veces se romantiza este oficio”, dice Javiera. “Pero la verdad es que hace frío y hay pocas medidas de seguridad. A veces trabajar se hace muy difícil. Nuestro sueño es tener un astillero con galpón, donde podamos hacer reparaciones, recibir al público, mejorar las condiciones de trabajo, contar con un baño y mostrar lo que hacemos”.
Javiera nos presenta a su tío Miguel, quien refuerza este legado. “Mi hijo también heredó este oficio, que yo heredé de mi padre. Uno siente que cumplió con el objetivo: dejar a un aprendiz”.
“Hugo nos está representando en Europa. Es el primer Almonacid que estudió; que uno de los nuestros saque la cara por la familia, es un orgullo”, dice Miguel.

Fotografías de Francisco Donoso | Indaga.